10 de octubre de 2013

PABELLÓN MUDÉJAR


El Pabellón Mudéjar, sede del Museo de Artes y Costumbres Populares, se construyó con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929, primero como Pabellón de Industrias, Manufacturas y Artes Decorativas y más tarde como Museo de Arte Antiguo e Industrias Artísticas hasta que pasó a ser lo que hoy es en 1972 para mostrar la variedad y riqueza etnográfica de nuestra provincia
Su construcción se inicia en 1912 y fue el primero en terminar de construirse como Pabellón permanente en el año 1914, el otro es el actual Museo Arqueológico que antes era el Pabellón de las Bellas Artes. Su diseño es de Aníbal González y sigue las pautas marcadas por este genial arquitecto, el ladrillo tallado, la cerámica y la madera. Su inspiración le viene del Palacio Mudéjar de los Marqueses de la Algaba, de la Alhambra y de los Reales Alcázares.
Su estructura es simétrica con respecto al eje central, un cuerpo central y a ambos lados, grandes espacios con salas espaciosas que permitían la exposición y el libre y cómodo transitar de los visitantes.
Es un edificio que se eleva sobre la cota de la calle dos metros y medio, supongo que por el temor a las crecidas del río, el acceso a la planta baja se realiza por unas grandes escalinatas y dos rampas que ocupan en conjunto toda la fachada.
Su impresionante fachada cuenta en su cuerpo central la puerta principal y a ambos lados otras dos de menor anchura. Por encima de esas puertas sus correspondientes pares de arcos lobulados superpuestos apoyados en columnas de mármol blanco con capiteles, siendo el exterior  polilabulado y de cerámica y el interior de herradura tipo califal y ladrillo aplantillado, descargando sobre un dintel del mismo material a dos colores, en el frontón el Escudo de Castilla. En las puertas laterales se sigue la misma decoración, apoyándose el arco interior en la propia fachada y el exterior en sendas columnas de mármol con capitel.
En el segundo cuerpo de esa puerta principal aparece un impresionante tejaroz apoyado en sendos baquetones, en los que dos hornacinas de cerámica de arcos lobulados apoyados en columnillas aparecen en la parte superior, por debajo de ese tejaroz un balcón y a ambos lado, sobre las puertas laterales otras ventanas del mismo estilo.
 
Esa fachada principal está flanqueada por dos Torres a cada lado con cubiertas de cerámica a cuatro aguas, que servían de miradores y a ambos lados la fachada se torna en dos semicírculos. 
El vestíbulo de entrada de grandes dimensiones, se divide en tres zonas bien delimitadas por una estructura de arcos. En los laterales se encuentra la escalera tras una portada de ladrillo tallado y cerámica y en el lado opuesto dependencias para la administración, por otro lado nos permite el acceso al patio tipo claustral, con arcos de medio punto apoyados en pilastras ochavadas de ladrillo y un alfiz de azulejos con pinturas renacentistas. La galería que lo circunda conecta con las salas de exposiciones. La fachada trasera sigue la misma pauta en la ornamentación que la fachada principal.
Durante la Exposición del 29 las salas superiores no tenían utilidad museística. Las escaleras nos llevan también a la entreplanta para llegar a las torres miradores.
Es un edificio que gozó de un gran protagonismo durante el evento y actualmente, a su gran belleza no sólo contribuye el estilo arquitectónico sino su color, muy acorde con el entorno en el que se sitúa.
Actualmente el edificio el que vemos, ha cambiado con respecto a su concepción inicial, primero por el hundimiento que sufrió en 1930, poco tiempo después de la clausura de la Exposición, afectando a la fachada trasera, posteriormente hubieron otros desafortunados incidentes, todos ello solventados y por último la adaptación a las nuevas necesidades que realizó el arquitecto Antonio Delgado Roig en las que se eliminaron los altísimos techos logrando una entreplanta y eliminando la escalera primitiva de Aníbal González por otra de mármol de dimensiones y logrando instalar un ascensor en el hueco que quedaba.
 
Pero ciñéndonos a la función que tuvo durante la Exposición como Museo de Arte Antiguo, se contabilizaron un total de 2314 obras, con la documentación de quien o qué Institución la cedía, constaba de vestidos, ornamentos religiosos, tapices, cuadros, orfebrería, imaginería, etc.
Muchas de las obras de imaginería procedían de nuestras Iglesias y Conventos, con obras de Martínez Montañés, Felipe de Rivas o Goya.
De la Catedral de Oviedo se expuso la Cruz de la Victoria, la Cruz de Nicodemus y una extraordinaria Caja de Ágatas.
Desde que finalizó la obra de construcción en 1914 hasta la Exposición Iberoamericana del 29, tuvo otros usos, se celebraron congresos y exposiciones, además prestó un gran servicio con ocasión de la guerra con Marruecos en 1921 y 1922, al instalarse en él un hospital de la Cruz Roja para atender a los heridos.
Posteriormente tras finalizar el evento del 29, se instaló en la planta alta la Hemeroteca Municipal, en 1972 se le da un nuevo uso que llega hasta la actualidad, el Museo de Artes y Costumbres Populares y salas de exposiciones.
El museo ocupa la planta primera y el semisótano y en la segunda se encuentra la Biblioteca. Además cuenta con lo necesario para la difusión de sus colecciones y el taller de restauración. En total ocupa un espacio de 5496 metros cuadrados para la exposición permanente.
En él podemos contemplar objetos desde los vestidos cortesanos del pasado, trajes populares, pintura costumbrista, cerámica, instrumentos musicales y letras de canciones del pasado, herramientas agrícolas de antaño, orfebrería, tejidos y encajes, ornamentos litúrgicos y reproducciones de las habitaciones de aquellas viviendas, taller de curtido de pieles, fundido de metales, en definitiva todo aquello que nos permite conocer de donde venimos.
Entre las obras que se exponen hoy, destacan:
Azulejo de los Reyes Católicos, está realizado en barro cocido y esmaltado, mide 93 por 56 cm. datado en 1503, representa el escudo de los Reyes Católicos con el águila de San Juan.  En la parte inferior se ve la leyenda de quién lo hizo y en que año.
Está realizado con la técnica de la cuerda seca, consiste en decorar la pieza con un dibujo hecho con trazos de una mezcla de grasa y óxido de manganeso para impedir que se mezclen los colores, los espacios entre los trazos se pintan con otros óxidos que le dan el color buscado.
Arqueta mudéjar, está realizada en madera y datada en la segunda mitad del siglo XV, mide 68 por 85.5 por 30 cm.
Esta pequeña pieza de mobiliario en forma de caja rectangular y con dos asas laterales, está provista en su interior de tres estructuras rectangulares de menor tamaño, sujetas a las paredes laterales y trasera mediante bisagras que, a su vez, alojan un total de catorce cajones pequeños, algunos de ellos con iniciales pintadas en la parte superior, podría estar destinada para contener distintas drogas medicinales, ya que así parecen indicar las iniciales.
Está realizada mediante la técnica de taracea, consistente en la incrustación de maderas ricas y de variados colores (ébano, sándalo, limonero, etc.) sobre la madera del propio mueble, en la que predominan los motivos del damero y la espiguilla. La roseta central del interior de la tapa es un añadido posterior, probablemente del siglo XVIII, así como la cerradura. La decoración del exterior no es tan abundante y se concentra en los paneles laterales mientras que en el panel frontal se aprecian dos pequeñas cartelas rebajadas y decoradas con el mismo motivo de espiguilla. Destaca como curiosidad decorativa la presencia de un tablero de ajedrez en la parte exterior de la tapa.
Diadema
Es de metal dorado con dos hileras de perlas blancas separadas por una de pedrería. Mide 41 x 149 x 81 mm y se entre 1800 y 1815.
Esta diadema forma parte de la colección Aguiar, depositada en el Museo. Esta joya aparece reflejada en la pintura firmada por Andrés Parladé, conde de Aguiar "Majo abrazando a una señora" en el tocado del personaje femenino.
Niño Jesús
Está realizado en madera y tela, tallado y estofado y la tela  bordada. Es del siglo XIX.
Las pequeñas imágenes para vestir eran muy habituales entre las devociones particulares que los fieles realizaban en sus domicilios.
Las iconografías más populares son las del Niño Jesús, la Virgen y el Sagrado Corazón, entre otras, muy cercanas a la sensibilidad popular porque facilitan la identificación de los devotos con los personajes divinos.
Visitadora
Visitadora o capilla petitoria de la Virgen de los Dolores. Es de barro cocido, terciopelo, latón repujado y cristal soplado.
El interior de esta urna está decorado con exvotos de brazos, manos, etc., sujetos a las paredes con lazos de seda. La imagen reposa sobre una peana que lleva en el delantero los símbolos marianos, una media luna con dos estrellas y flanqueadas por dos jarritas de latón decoradas con ramos de espigas y lazos.
La virgen dolorosa es un ejemplo de las imágenes llamadas de candelero, por el sistema de armado interior de la imagen, y lleva como atributos sobre el pecho un corazón de metal y un puñal sujetos al vestido mediante alfileres. En la cabeza lleva corona de ráfagas en metal y en la mano izquierda un rosario.
La urna presenta en la parte delantera una ranura para introducir las monedas y en el lateral de la peana se despliega un cajón donde se almacenan las limosnas. En la parte superior hay una anilla de la que pende un cordón de metal que se sujeta a otra anilla lateral, probablemente para sujetarla o anclarla a una estructura mayor. En la parte trasera tiene una gran asa para facilitar su transporte.
La iconografía se corresponde con la Virgen de los Dolores por los atributos del corazón y el puñal. La trasera de la urna lleva pegada una estampa de Ntra. Sra. del Rosario, por lo cual anteriormente pudiera estar dedicada a esta advocación. También es posible que, dado que la imagen porta un rosario en la mano izquierda, haya sido transformada de Virgen de los Dolores a Virgen del Rosario y se hayan mantenido los atributos de esta última y no se haya incorporado el Niño Jesús que suele llevar la iconografía de la Virgen del Rosario.
Las capillas petitorias se usaban, como su nombre indica, para recaudar fondos. A veces en los propias iglesias o ermitas, etc. vinculadas a festividades concretas, otras funcionaban todo el año y se colocaban en capillas laterales o rincones secundarios de las iglesias. La mayoría de ellas están dedicadas a advocaciones muy populares y de gran devoción popular. En este caso, por el gran asa que tiene la urna en la parte trasera, parece tratarse de una imagen que llevaran a las casas para solicitar limosnas.
Casulla
Está confeccionada en seda, lana, pergamino, lino y bordada con hilo de oro. Datada en el siglo XVIII, es de raso blanco toda decorada con bordado de aplicación a realce conseguido por varios estratos de lana y tafetán de lino, empleando sedas polícromas e hilos de oro. El bordado está realizado con puntos de matiz, al pasado y oro tendido y aplicaciones de perlitas, cordoncillos, lentejuelas y láminas metálicas. Lleva adornos de galones igualmente bordados en hilos de oro sobre soporte de pergamino.
En el delantero de la casulla el diseño ornamental está formado por un gran cáliz con los símbolos eucarísticos: espigas y uvas. En la parte trasera destaca la paloma del Espíritu Santo y el pelícano. El forro es tafetán de lino crudo y raso ocre.
Capa pluvial
Es de raso de seda de color marfil y labrado con diseño floral y con aves, en toda ella aparecen múltiples colores y tonalidades, está datada en el siglo XVIII.
Capa de cristianar
De seda marrón y bordados en marfil. Es una pieza perteneciente al siglo XIX.
Picador sentado
Pintado por Andrés Parladé, Conde de Aguiar en 1915.
El costumbrismo de Aguiar es serio y velazqueño y revela el lado triste y reflexivo de la sociedad andaluza.
Lección de Seises
Es un óleo sobre lienzo de J.M. Sánchez, pintado en 1948.
El baile de los seises está basado en las antiguas fiestas del obispillo, prohibidas por el Concilio de Trento, en las que los niños de coro tuvieron un protagonismo notable. El cabildo de Sevilla se resistió a su desaparición, consiguiendo del Papa que se respetase al menos la danza de los niños. 
Instrumentos de música popular
Triángulo y almirez: fundido; tablillas, campanillas y sonajas: carpintería; almirez: forja.
Son los instrumentos utilizados por los campanilleros: triángulo, sonajas, campanillas, tablillas y almirez. El ritmo es lo más importante en ellos, haciendo el resto la voz de los intérpretes.
Lebrillo
Es de barro cocido y policromo con decoración de montería realizado por los alfareros de Triana en el siglo XVIII.
La decoración de montería es una de las más características de la cerámica policroma de Triana. Los primeros motivos son más figurativos mientras que los posteriores van estilizando las figuras hasta convertir los miembros de los animales en simples trazos esquemáticos.
Cartel de las Fiestas de Primavera de 1907, de José García Ramos
Realizado el óleo sobre lienzo por José García Ramos
Este óleo sobre lienzo de gran formato, mide 266,8 por 122 cm. ha sido una de las cuatro piezas de este autor que se han restaurado en los talleres del Museo con motivo de la exposición José García Ramos en la pintura sevillana celebrada en el Museo de Bellas Artes de Sevilla este año 2013.
Cartel de las fiestas de la primavera de 1941
Es realizado por Francisco Hohenleiter de Castro. Es una litografía de 160 por 110 cm.
Hohenleiter es uno de los autores que primero introduce las nuevas técnicas de afiche europeo en Sevilla, pues hasta esa época la mayor parte de los carteles sevillanos estaban más cercanos a la pintura convencional que a las ideas de impacto y propaganda publicitaria.






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