14 de octubre de 2013

REAL MAESTRANZA

Es una Asociación nobiliaria que nace a propuesta de don Agustín de Guzmán Portocarrero, Marqués de la Algaba, y don Pedro José de Guzmán Dávalos, Marqués de la Mina, a la que se sumaron treinta nobles de la ciudad, naciendo como tal el 21 de abril de 1671 cómo resultado de la resolución acordada en cabildo, tras reconocer a la Virgen del Rosario  como patrona y protectora de la Corporación.
Su pasado histórico se inicia tras la toma de la ciudad de Sevilla por el Rey Fernando III, en la que los caballeros que participaron junto al Rey fundan una Hermandad bajo la advocación de San Hermenegildo. Su finalidad era la de impulsar y adiestrar a sus miembros en el dominio de las artes ecuestres y el empleo de las armas, para ello se basaban en el juego de cañas, en el que los nobles se colocaban en dos hileras paralelas y se lanzaban las cañas a modo de lanzas para ser desviadas con el escudo, también se ejercitaban en el manejo del caballo teniendo al toro como oponente o simplemente para dominar el arte de la equitación mediante la monta a la jineta, muy importante para el adiestramiento de los oficiales.
El paso del tiempo hace menguar la actividad de la Hermandad hasta que Felipe II y posteriormente su hijo, Felipe III, imponen la revitalización de esos principios en una nueva Institución, siendo Carlos II el que le diera el definitivo impulso, naciendo el Real Cuerpo de Maestranza de Caballería de Sevilla.
Pero el reconocimiento de la Corona vendría tras el apoyo de la Corporación al rey Felipe V en la Guerra de Sucesión, cuando el propio Monarca en el periodo de 1729 a 1733 durante su estancia en Sevilla, le otorga importantes privilegios y el tratamiento de Real. Desde ese momento el cargo de Hermano Mayor lo ostentaría el propio Rey o alguno de sus herederos, hasta que Fernando VII impone que el cargo sea ostentado exclusivamente por el Rey.
Entre sus privilegios está el uso del uniforme en cualquier acontecimiento.
La sede que hoy ocupa la Institución es obra del arquitecto regionalista andaluz Aníbal González realizada entre 1927 y 1930. La decoración es del Conde de Bulnes inspirándose en los palacios existentes en Madrid y Aranjuez. Además se le dota de un pasaje elevado que le lleva directamente a la Plaza de Toros.
Es todo un prodigio de arquitectura dieciochesca, la blancura de la cal y la sobriedad de balcones y ventanas y su sobria entrada, denotan una gran armonía en su conjunto.
La configuración del edificio se basa en dos plantas, en la planta baja se encuentra el Despacho principal del Teniente de Hermano Mayor, la Biblioteca, la Capilla y las dependencias para la administración.
En la planta alta se sitúan el Salón Principal, el Comedor y el Salón de los Espejos, lugar por el que los Caballeros Maestrantes y familia acceden a la Plaza de Toros.
En su interior se custodia una importante colección de pinturas y esculturas, destacando los retratos de los distintos reyes y miembros de la Familia Real y los Tenientes de Hermano Mayor. En su Biblioteca, cubierta con bóveda decorada al temple con motivos taurinos, se conservan valiosos manuscritos sobre crónicas anales, pleitos de hidalguía muy curiosos, Cartas de concesión de títulos nobiliarios y libros de gran importancia sobre el pasado de la Corporación. En cuanto al libro impreso versa sobre la genealogía y heráldica, todo lo relacionado con la literatura ecuestre y la tauromaquia, destacan los tratados de jineta y brida y distintas biografías.
El amplio fondo documental se subdivide en sectores, cómo el Archivo Histórico, importante no sólo para la Corporación sino para la propia ciudad, los libros de Cuentas y Datas, los expedientes de ingreso de los Caballeros Maestrantes, planos y Carteles de Toros.
Las alfombras que decoran las distintas estancias han sido elaboradas en la Real Fábrica de Tapices y las arañas que iluminan son salones han sido creadas en la Granja de San Ildefonso.
Los distintos salones lucen espléndidos muebles, lámparas y pinturas de diversa procedencia, todo en conjunto le dan un toque refinado. Entre las pinturas destacan retratos de los primeros Hermanos Mayores pertenecientes a la Familia Real, entre ellos el de Alfonso XIII que pintó Gonzalo Bilbao, destaca también la magnifica colección de retratos de los distintos Tenientes de Hermano Mayor, proporcionando con ello una espléndida aportación histórica.
La Real Maestranza además presta un gran servicio a la cultura de la ciudad, realizando o patrocinando actos académicos, todo ello con la solemnidad que requiere,  además es muy importante la acción solidaria que desarrolla entre aquellos sectores mas necesitados, colaborando en multitud de actos benéficos, muchos de ellos llevados a cabo desde el silencio informativo.
Desde su revitalización la Corporación se puso bajo la protección de la Santísima Virgen del Rosario, cuya imagen con el Niño Jesús en brazos, obra de Pedro Roldán, preside el Retablo barroco de su Capilla, obra del ensamblador Dionisio de Ribas de 1665 a 1670. Esta advocación sustituyó a la primitiva de San Hermenegildo en el siglo XVII. El sagrario de plata del orfebre M. Seco es otra de las piezas de indudable valor, así cómo los relieves de Pedro Roldán en los que se representan escenas de la Virgen.
Es curioso que en las propias Ordenanzas aparezca en su título II, la importancia de cuidar el adorno y decencia en el culto de Nuestra Patrona, celebrándose el día de su festividad el acto Solemne de su Función, a la que asisten todos lo Caballeros Maestrantes con sus familias.
La actual Capilla está situada anexa al Edificio Sede, su construcción final data del año 1956, siguiendo el diseño realizado por Aurelio Gómez Millán, anteriormente patrocinaban la capilla del desaparecido convento Regina Angelorum, un convento del siglo XVI situado en las inmediaciones de la plaza de la Encarnación de nuestra ciudad y que a causa de soluciones urbanísticas tuvo que ser demolido en 1905, salvándose al menos distintas imágenes y ornamentos que la Real Maestranza custodió en sus almacenes para utilizarlas cuando se debiere, como el retablo de Pedro Roldán y Dionisio de Ribas, las distintas imágenes entre las que se encuentra la de la Patrona o la reja de Pedro Roldán que hoy se encuentra en la Puerta del Príncipe.

Otra de las propiedades por la que es conocida la Corporación a nivel mundial, es la Plaza de Toros, conocida como Coso del Baratillo y por los poetas taurinos como Templo Taurino, todo un ejemplo de arquitectura, muy bien proporcionada imprimiéndole una gran armonía al conjunto. 
Construida sobre una elevación del arenal del Baratillo, su original configuración irregular es consecuencia de las distintas construcciones llevadas a cabo a lo largo de 120 años.
Su construcción se inicia en 1760, tras pasar treinta años desde la concesión a la Corporación del privilegio real para la construcción de una plaza de toros, su finalidad perseguía la sustitución de las primitivas plazas de madera que existían en ese mismo lugar concluyéndose en 1881 con su cerramiento definitivo.
El proyecto inicial era de Francisco Sánchez de Aragón, en el diseño se contemplaba como un polígono irregular de 30 lados, dadas las características del espacio, por lo que en los dos primeros años, 1761 y 1762, se construyen sólo los sectores correspondientes a tres de sus lados, correspondiendo a los tendidos que hoy son el 3-5-7, cuya terminación le corresponde al maestro Pedro de San Martín.
El siguiente año se continúa la obra introduciendo una serie de modificaciones al proyecto inicial, cómo el diseño de la Portada principal y el Balcón del Príncipe, la fachada exterior y la galería cubierta superior. Esta etapa se finaliza en 1766 con la construcción de otros seis sectores, con lo cual la fachada principal y la interior definen lo más sustancial de la construcción total.
Las necesidades económicas hacen que ese año queden en suspenso todas las obras, la tercera fase se retomaría en 1781, terminando lo que quedó inconcluso y construyendo siete balcones, los almacenes y algunos tendidos más, toda la obra sigue sin interrupción hasta que en 1785, Carlos III prohíbe las corridas de toros, con lo cual la obra de fábrica se paraliza, realizando solamente trabajos de mantenimiento.
Con la llegada de la Reina Isabel II al trono de España, se reanudan las obras de fábrica por el arquitecto Juan Manuel Caballero y Ortiz, a la sazón, primer arquitecto vinculado con la Real Maestranza de Caballería, realizaría la mayor parte de los tendidos, otros dieciséis balcones.
En 1867 sería Juan Talavera, arquitecto de prestigio el que se haría cargo de la obra y de la construcción de otros once balcones además del exclusivo balcón de Diputados.
Más tarde en 1876 lleva a cabo el rebaje del ruedo y lo cubre de albero, con esta operación de rebaje, le gana otras dos filas más.
Cuatro años después cierra la arquería superior con la construcción de los restantes cuarenta balcones, en la zona de toriles, construyendo veinte a cada lado, además de otras mejoras cómo dotarla de una entrada exterior para el encierro del ganado, la cuadra, la guarnicionería, almacenes, enfermería, una zona para el descanso de los toreros y la capilla de la Plaza. Con esta intervención se da por terminada la construcción.
No sería hasta 1914 cuando los arquitectos Aníbal González y José Sáez y López llevan a cabo la sustitución de los tendidos por otros de ladrillo visto, que son los que hoy podemos ver. Además utilizan en la Puerta del Príncipe la reja del antiguo convento Regina Angelorum, que tenía guardada la Corporación. 
Posteriormente hacia la mitad del siglo XX se construye un largo pasillo en la planta baja que rodea todo el edificio, esta obra la realizaría Joaquín Barquín y Barón.
El ruedo tiene una forma ovoidal muy peculiar, ello se debe a los distintos métodos y variedad de materiales de construcción empleados a lo largo del tiempo. En su primera etapa, de 1761 a 1766, se mantiene la fidelidad con el proyecto inicial, en la segunda etapa, de 1781 a 1785, empieza la deformación al reducirse el ruedo para ajustarlo al espacio disponible y su adaptación al toreo a pie. Para ello el arquitecto desplazó el centro del círculo y trazar uno nuevo con un radio menor.
La organización de la Plaza se establece sobre doce tendidos, en los que los impares se sitúan a la izquierda del Palco Real y los pares a la derecha, siendo de sombra cinco de ellos, el 1-2-3-4-5  y 7, cuatro de sol, el 8-10-11 y 12 y otros dos de sol y sombra, el 6 y el 9. A su vez cada tendido cuenta con barrera, tendido, sillón de tendidos, delantera de palco y gradas. Estos dos últimos se encuentran bajo una serie de 118 arcos que proporcionan el apoyo a la techumbre. Frente a la Puerta del Príncipe se encuentra el Balcón del Reloj, bajo el cual se sitúa la puerta de toriles, el arco de ese balcón se apoya sobre columnas pareadas y cuenta con un frontón curvo de piedra labrada.
Un apartado importante de este edificio es su museo taurino, exhibe objetos y obras pertenecientes a los fondos de la Real Maestranza de Caballería, está estructurado en dos sectores, uno que muestra una excelente colección de pinturas y estampas taurinas de gran importancia y el otro sector es el que hace referencia a los orígenes y el transcurrir a través de la historia de la propia Institución nobiliaria.
En ese primer sector se exhiben lienzos de la colección de temática taurina de los siglos XVIII al XX, describen escenas en el campo y en la plaza, toreros y personajes relacionados con ese mundo taurino, todos ellos son de artistas de reconocido prestigio.
A continuación en otra estancia se ven libros y objetos, apuntes manuscritos de Mariano Benlliure, otros óleos o un retrato del XVIII de Costillares. En la Sala de Estampas se muestran toda una serie de estampas, litografías y grabados de los siglos XVIII al XIX. Le sigue otra sala con doce  aguafuertes de la serie Tauromaquia realizada por Francisco de Goya en París en 1876.
En el segundo sector nos ilustran sobre los orígenes de la Corporación Maestrante, mostrando los ejercicios de entrenamiento de los siglos XVII y siguiente que practicaba la nobleza en el arte de la guerra, así como la muestra de los distintos oficios auxiliares de la época, son curiosas las cabezas esculpidas que servían a los caballeros para el juego de cañas.
 
Además una colección de pinturas del XIX sobre el tema taurino, como la cogida de Pepe Illo o figuras del toreo inmortalizados en bronce como Belmonte, Joselito el Gallo, Espartero y otros.

 
Otro lugar de enorme sentimiento de recogimiento y devoción para los toreros, es la Capilla de la Plaza presidida en su retablo por Nuestra Señora de la Caridad, lugar al que se retiran los diestros en soledad a meditar y encomendarse momentos antes de realizar el paseíllo.


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